La Declaración de Caracas y la Quinta Internacional

Guillermo Almeyra
La Jornada

La reunión en Caracas de los partidos de izquierda (muchos de los cuales, como el PRI mexicano, no lo son) terminó con una declaración que convoca a una absolutamente necesaria y urgente acción común contra los planes del imperialismo. En la misma reunión, Hugo Chávez llamó a formar la Quinta Internacional, cosa que, en cambio, debería ser considerada con cautela para no quemar etapas por apresuramiento dañando incluso la construcción de un amplio frente antimperialista y antibélico y para no poner trabas a la creación, sin duda necesaria, de un organismo político unificador socialista cuya posibilidad todavía no aparece en el horizonte político. Conviene al respecto observar la experiencia histórica.


Cuando Hugo Chávez fundó el Partido Socialista Unificado de Venezuela, éste surgió de su decisión –lo cual no es incorrecto– pero no se basó en una discusión amplia de un programa y unos estatutos antes de concretar las estructuras partidarias y de elegir la dirección. El Partido Unificado no surgió pues de la unificación de los partidos que apoyaban el proceso revolucionario y sus ideas socialistas no nacieron de una definición previa de qué se entiende por socialismo, sobre qué no fue socialismo en el pasado reciente, sobre cómo se conjugan socialismo y democracia, ni de qué relaciones habrá entre el partido y el aparato estatal revolucionario, o de cómo asegurar una amplia democracia interna que permita evitar el peligro de burocratización del partido recién fundado mediante una resolución presidencial.

La historia, hasta ahora, del PSUV, desgraciadamente confirmó las opiniones de los críticos de izquierda que dijeron que su formación debía de ser el el resultado, en vez del comienzo, de un proceso de elaboración de ideas y que el partido no podía depender del Estado. En el PSUV actualmente conviven tendencias ideológicas contrapuestas y hay fuerzas oportunistas y burocratizadoras, enemigas de la democracia interna, que chocan todos los días con los sectores democráticos y revolucionarios que trabajan por la autorganización de los trabajadores y la autogestión. El partido tampoco ha podido definir su programa socialista, más allá de algunas consignas antimperialistas generales, ni tiene claros cuáles son los objetivos en la actual situación nacional e internacional que vive la revolución venezolana.

La propuesta –también de Chávez– de constituir en abril próximo la Quinta Internacional Socialista, a partir de partidos y movimientos que son antimperialistas pero no socialistas, plantea, por lo tanto, diversos problemas. En primer lugar, cuatro meses son muy pocos para hacer un balance de qué sucedió con la Tercera Internacional (que terminó disuelta por Stalin sin ni siquiera consultar a sus miembros para demostrar a su aliados imperialistas estadunidenses e ingleses que no deseaba producir ningún cambio social en el mundo). En ese lapso de apenas 120 días no se puede discutir la experiencia de los partidos comunistas, sus ideas, su verticalismo, su dependencia de un centro burocrático, para evitar la repetición del socialismo real. Tampoco se puede hacer un balance de por qué no se desarrolló la Cuarta Internacional y estudiar los errores en su experiencia, sus ideas programáticas y su funcionamiento. No hay tiempo tampoco para tratar de definir mejor qué características tendría el llamado socialismo del siglo XXI y las relaciones entre el partido y el Estado, para evitar la identificación entre ambos y la subordinación del primero al carácter aún capitalista de Estado del segundo.

En segundo lugar, si bien es indispensable unificar internacionalmente todos los movimientos y tendencias antimperialistas, sean éstos nacionalistas revolucionarios, socialcristianos, libertarios o socialistas de diversas tendencias, sería indispensable llamar las cosas por su nombre y no calificar de socialistas a quienes no lo son (o no lo son todavía), para no dar por hecho lo que hay que conquistar.

La indispensable y amplia discusión sobre cuál debería ser el programa de una Quinta Internacional Socialista, precisamente, mostraría en cambio si existen las condiciones para no forzar la fase de unidad antimperialista con el programa contenido en la Declaración de Caracas de los partidos de izquierda y, al mismo tiempo, para elevar el nivel político de partidos muy heterogéneos y de sus bases en sus respectivos países, de modo que la Quinta Internacional propuesta tuviese un apoyo y una fuerza real y no se rompiese en la primera coyuntura complicada. Un periodo de acción común en una organización permanente de frente antimperialista amplio y democrático podría favorecer la discusión y la elaboración programática y seleccionar los cuadros.

Por último, aunque una Internacional Socialista, por supuesto, puede estar formada por partidos que están en sus respectivos gobiernos, no puede sin embargo depender de ninguno de ellos sin correr el riesgo de morir asfixiada por las necesidades políticas y los virajes de los mismos.

Si la Quinta Internacional propuesta naciese como un frente mundial antimperialista y el adjetivo”socialista” marcase solamente una caracterización teórica, todos los revolucionarios tendrían la obligación de incorporarse a la nueva organización mundial. Si pretendiese, por el contrario, encuadrar desde arriba, desde los estados, los movimientos sociales antimperialistas y anticapitalistas, el apoyo, en cambio, debería ser puntual, a tal o cual posición o llamado. Es de esperar que el proceso de construcción de la tan indispensable Quinta Internacional no quiera apresurar, por voluntarismo, el tiempo de maduración de las conciencias en la lucha por el socialismo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/11/29/index.php?section=opinion&article=020a2pol

 

Una respuesta to “La Declaración de Caracas y la Quinta Internacional”

  1. Ana Lucía Says:

    En estos momentos críticos en cuestiónes políticas para nuestro País, cuando tenemos una invasión imperialista a las puertas de cada una de nuestras fronteras y con un gobierno vecino entregado y doblado la cervíz totalmente ante el Imperio Yanqui, se hace imprescindible la propuesta de nuestro comandante de crear urgentemente la Quinta Internacional Socialista, y me parece que ésta debe ser dirigida fundamentalmente hacia una propuesta Anti imperialista, es por ello que el pueblo en general apoya rotunda e incondicionalmente esta gran propuesta hecha por nuestro Presidente y contrario a lo que dice Guillermo Almeira, para nosotros la propuesta no es ni por un momento apresurada ni mucho menos que se vaya a asfixiar la ideología con la propuesta y por supuesto que todos los revolucionario de izquierda estamos obligados no solo a incorporarnos a la Organización Mundial de la Quinta Internacional Socialista sino que es el deber ser hacer participación masiva y activa en ella. Y el adjetivo “Socialista” no solo debe marcar una caracterización teórica, sino que por el contraria debe tener plenamente la convicción y la acción de todos los verdaderos revolucionarios así como de los nuevos emergentes de las bases, para que así juntos dentro de un mismo ideario fortalezcamos y aplaudamos la consolidación y todos los objetivos trazados con esta gran propuesta.

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